Paraguay

América del Sur

PIB per Capita ($)
$5,685.8
Población (en 2021)
7,6 millones

Evaluación

Riesgo País
B
Clima empresarial
B
Antes
B
Antes
B
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Resumen

Fuerzas

  • Sector agrícola exportador desarrollado (soja y carne de vacuno)
  • Abundantes recursos hidroeléctricos
  • Políticas fiscales y monetarias prudentes
  • Miembro del Mercosur, con relaciones comerciales preferenciales con la UE y EE. UU.

Debilidades

  • La dependencia del sector agrícola, de un puñado de socios comerciales (sobre todo Brasil y Argentina) y de la Vía Navegable Paraná-Paraguay, que conecta Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay
  • Vulnerabilidad a las condiciones climáticas
  • Escasos recursos fiscales (19 % del PIB)
  • Gobernanza débil (corrupción y amiguismo, poder judicial bajo influencia y delincuencia relacionada con las drogas)
  • Un importante sector informal (40 % del PIB)
  • Infraestructuras deficientes (transporte fluvial, carreteras, líneas eléctricas)
  • Servicios sanitarios y educativos deficientes

Intercambios comerciales

Exportaciónde mercancías en % del total

Argentia
33%
Brasil
32%
Chile
8%
Estados Unidos
4%
Europa
3%

Importación de mercancías en % del total

China 33 %
33%
Brasil 25 %
25%
Argentia 7 %
7%
Estados Unidos 7 %
7%
Europa 7 %
7%

Perspectiva

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Se prevé un crecimiento sólido gracias a una demanda interna firme

El crecimiento económico en 2025 se mantendrá, en líneas generales, en la misma línea que el sólido crecimiento de 2024, ya que la producción agrícola e hidroeléctrica se estabiliza en un nivel aceptable, tras un periodo de gran volatilidad. Los datos del PIB del primer trimestre de 2025 se consideraron positivos, impulsados por los sólidos resultados de la industria y los servicios, así como por la fuerte demanda interna, lo que refuerza las expectativas de unas perspectivas favorables. Aunque los ingresos por exportaciones podrían seguir siendo moderados debido a los bajos precios mundiales de las materias primas, es probable que las exportaciones netas contribuyan positivamente, respaldadas por unos precios de importación más bajos, unas mejores condiciones fluviales para el transporte de las exportaciones agrícolas y la generación de energía hidroeléctrica vendida a Brasil. Sin embargo, los ingresos agrícolas podrían enfrentarse a nuevos obstáculos debido a la bajada de los precios internacionales y al posible regreso de La Niña en la segunda mitad de 2025, mientras que la incertidumbre en torno a la política comercial mundial y el aumento de las medidas proteccionistas podrían debilitar segmentos específicos de exportación, como la carne de vacuno y los productos manufacturados.

Se prevé que el consumo de los hogares (66 % del PIB en 2023) se mantenga resistente, impulsado por un mercado laboral estable, el crecimiento de los salarios reales y una menor inflación. La inversión fija bruta (19 % del PIB) también debería mantenerse sólida, respaldada por la expansión del crédito y los incentivos fiscales en virtud de la denominada Ley 60/90. Por su parte, el gasto público (12 % del PIB) desempeñará un papel más matizado: si bien los gastos de capital en infraestructuras mantendrán el impulso del crecimiento, el compromiso del Gobierno con una consolidación fiscal gradual podría frenar la expansión de los gastos corrientes. Se prevé que la política monetaria se mantenga sin cambios, con el banco central conservando su tipo de interés oficial en el 6,0 % (junio de 2025) para equilibrar unas condiciones financieras favorables con la persistente inflación de los precios de los alimentos.

En 2026, se prevé que la economía mantenga su trayectoria expansiva, con un crecimiento que cobrará impulso. El comportamiento de las exportaciones debería mejorar, impulsado por una recuperación parcial de los precios agrícolas mundiales y una demanda exterior más sólida. En el ámbito interno, es probable que la inversión y el consumo mantengan sus tendencias positivas, aunque limitadas por unas condiciones fiscales más restrictivas. La consolidación de la estabilidad macroeconómica —reflejada en unos indicadores fiscales más sólidos, unas expectativas de inflación ancladas y la continuidad en la orientación de las políticas— debería reforzar la confianza de los inversores y contener la volatilidad.

El desequilibrio exterior se reduce gradualmente tras el deterioro de 2024

Tras un fuerte deterioro en 2024 —cuando la balanza por cuenta corriente pasó a registrar un déficit de alrededor del 3 % del PIB debido a la caída de los precios de la soja y a unos niveles de agua críticamente bajos que obstaculizaron las exportaciones hidroeléctricas—, la posición exterior de Paraguay mejora modestamente en 2025. Aunque el déficit seguirá siendo históricamente elevado, debería comenzar a perfilarse una tendencia a su reducción, impulsada en gran medida por la recuperación de las exportaciones de electricidad a medida que se normalicen las condiciones fluviales. También se espera que aumente el volumen de las exportaciones de bienes, en particular de productos agrícolas, aunque los precios mundiales sigan siendo moderados. Es probable que las importaciones también aumenten, impulsadas por la fuerte demanda de bienes de capital vinculada a las infraestructuras y a la inversión privada, aunque la bajada de los precios de las materias primas debería ayudar a contener la factura global de las importaciones. En cuanto a los servicios, se prevé que los ingresos procedentes del turismo regional y del transporte fluvial sigan recuperándose, lo que compensará parcialmente el déficit. Además, se prevé que la cuenta de rentas primarias siga registrando un déficit, ya que las empresas de propiedad extranjera que operan en Paraguay continúan repatriando al extranjero una parte significativa de sus beneficios. La inversión extranjera directa (IED), respaldada por proyectos a gran escala como Paracel (pasta de papel) y Atome (hidrógeno verde), debería financiar una parte significativa del desequilibrio exterior, lo que contribuirá a reducir la dependencia del endeudamiento externo. A pesar de las vulnerabilidades persistentes, se espera que la posición exterior se vuelva más sostenible, respaldada por sólidos flujos de entrada de capital y una política monetaria prudente. En abril de 2025, las reservas internacionales cubrían aproximadamente seis meses de importaciones.

En 2026, se prevé que el déficit por cuenta corriente se reduzca aún más a medida que se fortalezca el comportamiento de las exportaciones y se ralentice el crecimiento de las importaciones. Una mayor recuperación de los rendimientos agrícolas y de la producción energética, combinada con un repunte parcial de los precios mundiales de las materias primas, debería respaldar unas perspectivas de exportación más sólidas. Al mismo tiempo, a medida que los grandes proyectos de inversión alcancen su madurez, es probable que la demanda de bienes de capital se modere, lo que reducirá las presiones sobre las importaciones. La resiliencia de las exportaciones de servicios y de las remesas procedentes de los paraguayos residentes en el extranjero, junto con una dinámica estable de la cuenta financiera, debería respaldar aún más el ajuste de la balanza exterior.

En el ámbito presupuestario, se prevé que el déficit fiscal se reduzca aún más en 2025, a medida que el Gobierno vuelva a ajustar el gasto al crecimiento de los ingresos y refuerce los controles sobre el gasto. Los gastos relacionados con las elecciones y los pagos de atrasos han dado paso a una disciplina presupuestaria más estricta, mientras que los ingresos fiscales se benefician cada vez más de la ampliación del sistema de facturación electrónica y de las mejoras constantes en la capacidad de recaudación. Se prevé que el gasto corriente crezca en consonancia con las prioridades fundamentales, y los gastos en infraestructuras se mantienen mediante asociaciones público-privadas selectivas, lo que permite preservar inversiones clave sin poner en riesgo la estabilidad general. El stock de deuda pública sigue siendo sostenible en las condiciones de financiación actuales y con una base de acreedores relativamente diversificada. A finales de 2024, aproximadamente el 62 % de la deuda pública total era externa. La gran mayoría estaba denominada en dólares estadounidenses, aunque esta composición ha comenzado a cambiar con la emisión exitosa de un bono de 600 millones de dólares en guaraní en febrero de 2025. Una emisión simultánea denominada en dólares subrayó aún más el acceso continuado de Paraguay a diversas fuentes de financiación externa. Los tenedores privados internacionales de bonos y las instituciones multilaterales representan cada uno alrededor del 28 % de la deuda total, mientras que la financiación interna está ganando relevancia gradualmente gracias a una gestión activa del pasivo. En 2026, se espera que el déficit se reduzca aún más a medida que se atenúe el impacto de los gastos extraordinarios y el comportamiento de los ingresos siga mejorando en paralelo a la actividad económica. Con un crecimiento moderado del gasto nominal y un compromiso renovado con las normas fiscales, se prevé que el déficit converja hacia su límite máximo legal del 1,5 % del PIB, tal y como define la Ley de Responsabilidad Fiscal, lo que reforzará la confianza de los inversores y contribuirá a una mayor resiliencia macroeconómica.

La lucha del presidente Peña con las reformas y las divisiones partidistas

Elegido con el 42,7 % de los votos y en el cargo desde agosto de 2023, el presidente Santiago Peña, del conservador Partido Colorado (PC), sigue enfrentándose a crecientes desafíos políticos e institucionales. A pesar de las promesas electorales de combatir la delincuencia y la corrupción, los escasos avances en estos ámbitos han alimentado el descontento y puesto a prueba la confianza de la ciudadanía. Si bien el plan contra el contrabando puesto en marcha a finales de 2023 arrojó algunos resultados, especialmente a lo largo de la frontera con Argentina, la aplicación de la ley sigue siendo débil en el resto del país. La corrupción sigue siendo una preocupación central en la agenda política, y los esfuerzos por mejorar la gobernanza se topan con barreras estructurales como el débil marco institucional de Paraguay y la limitada independencia judicial. Además, el impulso de Peña para reforzar la confianza de los inversores sigue viéndose obstaculizado por el deficiente clima empresarial del país.

El intento del Gobierno de impulsar su agenda reformista, que incluye iniciativas políticamente delicadas como la reforma de las pensiones, ha generado fricciones dentro del propio partido del presidente. Las propuestas para aumentar las cotizaciones de determinados colectivos privilegiados del sector público se han topado con la resistencia de facciones conservadoras, que siguen siendo influyentes dentro del Partido Colorado. Estas tensiones, unidas a la presencia e influencia continuadas del expresidente Horacio Cartes, han agravado las divisiones internas del partido y han contribuido al estancamiento legislativo. Aunque la facción «Honor Colorado», a la que pertenece el presidente Peña, ha ampliado su presencia en el Congreso, carece de la influencia necesaria para garantizar la aprobación sin contratiempos de las reformas. Como resultado, el lento ritmo del cambio estructural ha mermado parte del capital político de Peña y ha limitado su capacidad para consolidar el apoyo y poner en práctica las prioridades de su campaña. A corto plazo, es probable que el descontento social y la fragmentación institucional sigan minando el índice de aprobación del Gobierno y su eficacia legislativa.

En cuanto al comercio exterior, Paraguay es miembro del Mercosur, un bloque comercial regional que en los últimos años ha tenido dificultades para avanzar tanto en la integración interna como en los acuerdos externos. Si bien las normas del bloque impiden a sus miembros negociar acuerdos comerciales por separado, el Gobierno de Peña ha adoptado una postura pragmática, apoyando la estrategia de negociación colectiva del Mercosur al tiempo que aboga por una agenda más ágil y receptiva. En este contexto, Paraguay acogió con satisfacción la conclusión de las negociaciones del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en diciembre de 2024, que se produjo tras años de retrasos debidos en gran medida a las preocupaciones medioambientales planteadas por los socios europeos. El texto actualizado incluye compromisos relacionados con el Acuerdo de París sobre el clima, disposiciones sobre la vigilancia de la deforestación y normas revisadas en materia de contratación pública, automóviles y minerales críticos. A pesar de estos avances, el acuerdo aún debe ser ratificado en ambas regiones y es probable que se enfrente a obstáculos políticos en algunos países europeos. Dentro del Mercosur, Paraguay ha sido un firme defensor del fortalecimiento de los mecanismos institucionales que garanticen una coordinación interna más justa y beneficios concretos para las economías más pequeñas. Una cuestión central a este respecto ha sido la renegociación del acuerdo sobre la presa de Itaipú con Brasil, cuyas cláusulas financieras expiraban en 2023. Paraguay busca obtener una mejor compensación por la energía que no consume y que está obligado a vender a Brasil, incluido el derecho a vender su excedente a terceros países. De cara al futuro, se espera que el Gobierno siga presionando para lograr un Mercosur más equilibrado y con visión de futuro, haciendo hincapié en la diversificación comercial, la cooperación energética y una mayor integración regional capaz de respaldar los objetivos de desarrollo a largo plazo.

Última actualización: junio de 2025